19 de enero de 2011

Conversación entre profesor y estudiante


Ante la noticia reciente de que la administración universitaria ha puesto "en pausa" al departamento de Estudios Hispánicos del recinto de Río Piedras (vea la noticia aquí), las críticas ha dicha determinación se han hecho sentir dentro y fuera de la comunidad universitaria. El siguiente escrito fue preparado por Mario Mercado Díaz, estudiante de dicho departamento y quien cursa actualmente estudios de intercambio en España:

Conversación entre profesor y estudiante


"La pluma es lengua del alma; cuales fueren los conceptos que en ella se engendraron,
tales serán sus escritos".
Miguel de Cervantes Saavedra


Profe, ¿qué te motiva a seguir en las letras? Es una carrera que te encierra en anaqueles y te sofoca con la tiza. La academia es donde único eres recibido, por ahora. Tu oficina está en un ático y das clases en un “salón” del tamaño del almacén de un conserje. ¿Estudiantes? ¿Todavía tienes de esos? Pensé que los que asistían a tus clases eran de otras facultades buscando aprobar los créditos de nivel general. Las bibliotecas carecen los libros que tanto necesitas y las que los poseen, tan sólo pueden prestarte esa porción amarillenta que ha sobrevivido los años de maltrato. Eres parte de una facultad miscelánea, la gaveta donde se acumulan —no porque no las necesitan, sino porque no las entienden— tus hermanas en las humanidades. ¿Qué tan diferentes son la gramática y la pragmática? Era antes que se le llamaba “ciencia” al arte de escribir. Ahora las dignas de llevar ese gran nombre, ciencia, son otras. ¿Por qué será que, en “ciencia,” yo tan sólo leo “futuro,” “éxito” o, mejor todavía, “dinero”?

¿De qué le sirve la literatura, profesor? Ah sí, claro. Acudiría a usted si tuviese antojo de escuchar aventuras del amor loco o sugerencias para enamorar a una mujer de la edad media. Imagino que usted conoce los modos para empalar un molino y los caballos mágicos que vuelan hasta el sol. También sabe cómo un monje fue testigo de la Gloria y pudo escribirla de tal forma que cualquier lector también pudiera experimentarla. Pero a nadie le interesa ya. ¿Y eso de “vivo sin vivir en mí”? ¿Estás viva o muerta? ¿En qué quedamos? Hoy día se piensa que los románticos son los que cantan baladas, no los que redactan Rimas y Leyendas. El Premio Nobel es tan sólo un medallón de chocolate que les otorgan a esos viejos en agradecimiento por crear libros que les den un toque culto a nuestros anaqueles. Ya nadie visita Macondo y no hay nada que decir sobre aquél que se esconde en la imaginación de nuestra realidad íntima.

¿Y qué hacemos ahora, profe? Ya no existe lugar para nosotros en este negocio. Somos un caballo ante un coche. Un lujo. Otro gasto. Pues le confieso, doctor, yo vengo desde muy lejos, desde las profundidades de esa ignorancia que vierte el mundo moderno en mi cabeza: miedos de pobreza y de fracaso; “sigue la corriente;” el éxito está en otra parte; la satisfacción se encuentra en el laboratorio o en el senado. Pero decidí llegar hasta este refugio que, de hecho, eso parece. Lástima que después de tanto leer no le pueda describir culta y dignamente la alegría, más bien, la satisfacción, que me dio poder pertenecer a su departamento. No hay otro recinto que cuente con un programa como el de Estudios Hispánicos del recinto de Río Piedras de la UPR. Desde mi intercambio en España, extraño el calor de la pedagogía sensible que se me ofrecía en allí.

Mas, no se preocupe, que esto no es tan sólo un monólogo romántico. Le ofrezco una modesta sugerencia. Escriba… Por favor, escriba sobre lo que ha encontrado en el mar de las páginas. Escriba sobre toda esa sabiduría. Escriba sobre sus logros y sus fracasos. Escriba sobres sus pasiones y sus disgustos. Escríbales a ellos para que sepan que usted sigue aquí, leyendo, enseñando y produciendo. Escriba para que se den cuenta que hay algo vivo en estos despachos fríos. Pero sobre todo, escríbame a mí. Dígame qué clases está ofreciendo. Cuénteme qué lee, qué investiga. Hábleme de lo nuevo y lo controversial, de lo desconocido. Escriba y escriba. Así otros, perdidos en la incertidumbre, vendrán también desde lejos a sentir esa familiaridad. Así sentiré yo que pertenezco a algo vivo y le seguiré, le retaré y algún día, con muchísimo gusto, elevaré su ciencia a otras alturas.


Mario Mercado Díaz

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